Que hace falta que el agua caiga del cielo es indiscutible. Cuando a las siete de la mañana me he despertado sobresaltado por un trueno he dibujado una sonrisa enseguida. Me gusta que llueva, quizá sea porque por aquí lo hace muy poco y este año otoño-invierno-primavera lo hemos visto bien poquico.
He llevado a Mara al instituto, he bajado al campo a poner a salvo los bonsáis de demasiada agua, he sacado a la calle a Freddy para que se pegue unos cantes y he vuelto a casa para pillar las herramientas de trabajo. Al salir me he encontrado con Maravillas (mi abuela) que estaba esperando al panadero ( aquí aún van con un coche repartiendo el pan por las calles )……
-Hola Abuela (dos besos de rigor y con todo el gusto del mundo). Anda que no llueve.
-¿Qué dices?
-..QUE MENUDA MANERA DE LLOVER!!!…(alzando la voz hasta alcanzar su nivel de escucha)
-Pues si hijo, anda que los albaricoques, con el montón que tiene tu tío Paco.
-Pero abuela hace falta que llueva…
-Pues si, pero con esta lluvia y lo “adelantá” que está la fruta se va a poner fea y no se va a poder vender “al fresco”.
Ahí le ha pegado mi abuela, con toda la falta que les hace a los agricultores este agua ( a mis patatas les va a venir estupendo ) en verdad lo que va a conseguir (albaricoquísticamente hablando) es que la fruta se arrugue, crezca la probabilidad de que le salga viruela y que no puedan venderla de primera categoría. Perderán dinero, y encima es el primer año de estos últimos que hay una cantidad suficiente como para tener un beneficio decente.
Una vez mas, podemos echar mano al refranero y soltar un: “Nunca llueve a gusto de todos”.






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